--------------------Mi primera experiencia-----------------

Todo comenzó un buen día en nuestra Peña  cultural-carnavalesca  de Cádiz, uno de nosotros propuso realizar un tramo del Camino Francés, el resto hasta un total de tres nos  sumamos al unísono y este fue mi primer contacto con el camino de Santiago al que me enganché rápidamente. Ese continuo andar del peregrino que, siguiendo unas flechas amarillas a lo largo de los días, va descubriendo un mundo nuevo para él a través del paisaje, los pueblos y sus gentes; hacen amistades con otros peregrinos y al caminar la fragancia que desprende la vegetación y como no, en ocasiones también la que dejan las vacas, jamás imaginé que eso de levantarse temprano, oler estos animales y machacar mi cuerpo, me produciría un extraño placer y bienestar.  

El camino es sabio, recompensa tu esfuerzo día a día, cuando llegas por fin al Cebreiro o al Alto del Poio te reconforta alcanzando el albergue, te despojas de tu pesada mochila colonizas una cama en la que descansarás tras una ducha y una cena caliente. Te curas los pies, te introduces en tu saco y…buenas noches hasta mañana, duermes plácidamente.

En verano el tema de los albergues es algo que se repite, hasta el punto que en vez de hacer el camino me parecía que, la gente se encontraba inmersa en una carrera para ver quien llegaba antes al albergue y cogía cama. Ya desde muy temprano comenzaba el ruido de las bolsas y el trajín de los peregrinos para iniciar una nueva etapa, a las cuatro de la madrugada ya había quien te enfocaba con su linterna en la frente sin aprender aún a coordinar sus movimientos de cabeza. La competición  pues había comenzado ya tan temprano, algunos pajarillos aún estiraban sus alas. Durante el día se pegan el palizón caminando muy rápidos y sin apenas apreciar las maravillas que el camino ofrece al hacerlo. Quisiera relatar en las próximas líneas una anécdota respecto a este tema.

Estando sentado sobre una piedra y cerca de un albergue, vi pasar ante mí un pequeño grupo de personas sin mochilas y a paso ligero. De camino al albergue nos siguieron adelantando otros pequeños grupos compañeros de los anteriores. Al llegar al mismo comprobamos como una furgoneta dejaba en la entrada las mochilas del grupo que ascendía a cuarenta personas. Éstos habían iniciado su marcha días atrás y no tenían reparos en caminar como quien va por su barrio, sin peso alguno sobre sus hombros, siendo lo peor que, en connivencia con la hospitalera dejaron a otros tantos peregrinos sin cama, con lo cual tuvieron que caminar (los peregrinos) diez kilómetros mas hasta el próximo albergue, cargados, cansados…reventados.

Cierto es que aun quedan peregrinos que viven el camino y no les importa perder media hora contemplando el horizonte, comer una manzana sentado en una piedra, hacer una foto, hablar con la gente del lugar y llegar el último al albergue aun sabiendo que se puede quedar sin cama, claro que con una colchoneta o esterilla en el suelo les basta, lo que han experimentado ese día con sus ojos y sus oídos o palabras, bien vale la pena.

Comienza una nueva etapa en tu Camino, te levantas con ganas y preparas lo mas valioso que posees para llegar a Santiago: TUS PIES, sí, esos que te permiten avanzar distancias inimaginables durante la jornada, pero lo primero es lo primero y antes que nada, una  buena tostada, café con leche y zumo de naranja debe ser suficiente para cargar de energía el resto del cuerpo y sobre todo la mente que será la encargada de llevarte hacia tu meta.

A lo largo del camino te vas cruzando con todo tipo de gente; el peregrino que camina solo y el que lo hace en grupo. Quizás busca el peregrino solitario al hacer el camino, encontrar la soledad que proporciona el adentrarse en densos bosques de robles, encinas o castaños. Sin embargo tiene la posibilidad, siempre que quiera, de relacionarse con otros peregrinos con los que uno coincide a lo largo del día.

El peregrino que va en grupo no tiene la necesidad tan urgente de compartir sus vivencias con peregrinos desconocidos pues ya lo hace con su grupo, aunque esto te limita la apertura hacia nuevas experiencias con los demás. Personalmente prefiero comenzar  solo, aunque siempre termino con un grupo nutrido formado a lo largo de la peregrinación..

. Cuando noto la necesidad de sentirme solo me adelanto al grupo o aflojo el paso quedándome así en la retaguardia. Esto me permite escuchar lo que el camino me dice y así puedo meditar. He llegado a contar cuantos pasos doy con cada golpe del bordón y cuantos golpes por kilómetro. Al acercarme otra vez al grupo vuelve de nuevo el bullicio y el tarareo de alguna canción. Por cierto al pasar por un bar me detuve a tomar un vino (todo es necesario) y escuché como sonaba El vals del Camino de mi amigo Maldonado que este año conocí en la manifestación-etapa contra la instalación de una refinería en la Vía de la Plata,. Continuando en nuestro descenso hacia el pueblo, comenzó a llover copiosamente, nuestra intención dadas las adversas condiciones climatológicas era la de pasar la noche en el primer albergue que viésemos. Después de dar varias vueltas por las calles en busca del mismo, una amable mujer nos acompañó hasta sus puertas. Desde fuera no podíamos imaginar lo que nos aguardaba dentro: paredes con la pintura desgarrada cayendo al suelo, el calentador de agua estropeado, colchonetas rotas y sucias en el suelo…desolador. Lo peor era el desagradable olor proveniente de los aseos donde los w.c. y duchas estaban atascados.

Ante esta situación sientes que la figura del peregrino y todo su esfuerzo no tiene aprecio ninguno. Te preguntas entonces cómo es posible que un local habilitado para peregrinos y que recibe subvenciones de los estamentos públicos pueda encontrarse en tales condiciones.

A pesar del cansancio decidimos proseguir nuestro camino bajo la fría lluvia hasta el siguiente albergue situado a unos cuatro kms. donde un matrimonio maravilloso nos brindó su hospitalidad y cariño. El, nos recibió en la puerta del albergue con cara seria diciéndonos que ya no había camas y que tendríamos que seguir hasta el próximo. Eran ya las cinco de la tarde, estábamos mojados por la lluvia que llevaba cayendo sobre nosotros toda la tarde y estábamos tiritando de frío, le dije al hospitalero señalando a mis dos compañeros:

-“No importa, dormiremos en el suelo” por lo menos estaremos en lugar seco.

De repente su rostro torna la expresión y con una sonrisa nos invita a pasar preguntándonos donde habíamos empezado la etapa ese día, lejos…muy lejos le dije.. Después de haberme dado una ducha de agua caliente, la hospitalera  preparó para todos los peregrinos una crema vegetal y unas lentejas que nos supieron a gloria.

Tras la cena llegó la hora de la tertulia donde cada uno aportaba sus anécdotas. Cuando el resto de peregrinos se fue a acostar, nosotros continuamos hablando con el hospitalero. Este aprendiz de poco y maestro de mucho, que dedica parte de sus vacaciones a ejercer como hospitalero voluntario en un albergue que subsiste gracias a los donativos de los peregrinos, nos contó multitud de anécdotas vividas en relación al camino en una charla alegre y distendida, que se alargó hasta que algunos ronquidos nos indicaron que era hora de marchar a la cama.

Amanece, esas nubes en el horizonte hacen que me acurruque de nuevo en mi saco pero hay que ponerse en marcha, hoy pretendemos llegar a Santiago y esto hace que hasta las nubes estén de gala de color rojizo y oro. Estábamos ya muy cansados pero hoy recibiríamos nuestra Compostela y mas tarde la plastificaría para pasar a ocupar lugar honorífico en el salón de mi casa.

Amigos así es como descubrí que El Camino es muy grande, tan grande que cabemos todos, hasta los que como yo comenzamos cual turista aventurero cierto dia a cierta hora, sin rumbo fijo ni meta donde llegar con una mochila de muchos kilos y sin muchas ganas de caminar.

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